lunes, 11 de febrero de 2013

Las Traiciones, de ayer y de hoy



La conferencia de Londres tuvo un testigo de excepcional importancia para los españoles, el delegado de la F.R. E. Anselmo Lorenzo, nombrado para este comicio  por la conferencia de Valencia de la Internacional hispánica. Lorenzo describa con palabras humildes y admirativas su encuentro con Marx. Había este salido a recibir  a 
la puerta de su casa al joven delegado español y la apariencia patriarcal del creador del socialismo científico alemán le influyó notablemente…  “Acerqué me  con timidez y respeto, anunciándome como delegado de la Federación Internacional Española de la Internacional, y aquel hombre me estrechó entre sus brazos, me dirigió palabras 
Ellos lucharon porque otro mundo es posible
afectuosas en español y me hizo entrar en su casa. Era Carlos Marx. Pero el desarrollo de la conferencia, en el curso de una seria de sesiones en que dominó una atmósfera de intriga, bien pronto decepcionó al delegado español, que esperaba un más elevado nivel intelectual en las sesiones y una conducta general más a tono con las ideas internacionalistas: “Pocos trabajadores o si se prefiere determinar bien el concepto, pocos éramos los asalariados asistentes a aquella asamblea, siendo, los más, los más burgueses (ciudadanos de clase media, como los define la academia)y estos llevaban allí la dirección y la voz, ya que aquella reunión no vino a ser otra cosa que la prolongación del Consejo General, una sanción de sus planes robustecida por el voto atribuida a la Asociación por medio de sus delegados, parodiando en eso al parlamentarismo político, y en todo ello no pude ver nada grande, nada salvador, ni siquiera en armonía con el lenguaje empleado en la propaganda”… “Puede asegurarse que toda la substancia se redujo a afirmar el predominio de un hombre allí presente,  Carlos Marx, contra el que se suponía pretendía ejercer otro, Miguel Bakunin, ausente”…  En una de las comisiones se desató el odio con toda su cruel desvergüenza. Asistí una noche en casa de Marx a una reunión encargada de dictaminar sobre el asunto de la Alianza, y allí vi descender a aquel hombre del pedestal en que mi admiración y respeto le habían colocado hasta el nivel más vulgar, y después varios de sus partidarios se rebajaron más aun, ejerciendo la adulación, como si fueran viles cortesanos delante de su señor.

Aquella conferencia en que había una mayoría de ideólogos, entre los que se hallaban Villant y otros blanquitas huidos de la represión subsiguiente a la derrota de la Comuna, mostró escaso interés por el informe sobre la organización social de las clases trabajadoras que leyó Lorenzo en la Conferencia. Había sido redactado en España por R Farga Pellicer, Francisco Mora, Alonso Marselau y Juan Bargalló, en el curso de la Conferencia de Valencia y demostraba el interés que tenían todas las organizaciones genuinamente obreras por los problemas de la reestructuración social. Los verdaderos artífices de aquellos estudios de ingeniería social, como fueron denominados por el propio Lorenzo en la citada obra, serían los obreros de la Federación del Jura,  a caso los más preparados de la Internacional. En realidad, se trataba de los esquemas técnicos destinados a hacer visible la estructuración económica federalista, previste e los acuerdos de Basilea. Pero fue trabajo perdido “El Consejo General  y la mayoría de los delegados no estaban para eso; lo que les preocupaba sobre todo era la cuestión de jefatura. Lorenzo estimó con justeza la situación interna de la Internacional con estas palabras: “Volvía a España poseído de la idea de que el ideal estaba más lejos de lo que había creído, y de que muchos de sus propagandistas eran sus enemigos”

La Conferencia de Londres planteó como hemos visto los cargos de Consejo General contra Bakunin y la Alianza de la Democracia Socialista, a la que acusaba de SER UNA ORGANIZACIÓN DENTRO DE UNA ORGANIZACIÓN. De cualquier modo, se dejó todo preparado para el futuro Congreso de l a Haya, donde terminaría prácticamente la Internacional. La resolución IX interpretaba a la manera marxista el mensaje inaugural  de la Internacional y recodaba a las secciones:  ”que en el estado militante de la clase obrera, su movimiento económico y su acción política están indisolublemente unidos”. Al lado de esto,  las medidas restrictivas aplicadas por el Consejo General,  alentadas por las facultades que fueron conferidas por el Congreso de Basilea, que, paradójicamente,  había aislado en lo ideológico al Consejo.

 

1 comentario:

  1. La historia hay que conocerla para no repetir los errores y parece ser que algunos/as han hecho otra lectura.
    Cuando cayó el muro de Berlín dijeron que con ese hecho había llegado el fin de las ideologías, pensarían que todos, ciudadanos y pueblos enteros nos habíamos quedado en estado vegetativo o algo por el estilo.
    Si vemos que Stalin asesino a más de veinte millones de los ciudadanos que gobernaba en nombre del una ideología (el Comunismo de Estado) ¿Cómo se puede seguir pensando que ideologías como esa pueden servirnos de herramienta para solucionar los problemas de nuestros tiempo? O cuando la corrupción de los políticos ¡de todos los políticos! Es de conocimiento de todos, se pretende de nuevo copiar el modelo con la creación de un partido… EXIS.

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