Desde que en 1817 Rober Owen
formulara el eslógan “8 horas de trabajo, 8 horas de tiempo libre y 8 horas de
descanso”, la movilización por la reducción de la jornada ha formado parte de
las reivindicaciones laborales. El 1º de Mayo se conmemora la revuelta de 1886
en Haymarket, Chicago, que comenzó por la jornada laboral de ocho horas. Otro
ejemplo fue el de la Canadenca en Barcelona, donde entre febrero y marzo de
1919 se consiguieron las ocho horas de jornada laboral. Ambas revueltas
comportaron enormes movilizaciones de la clase trabajadora
y mucha represión.
y mucha represión.
El paro ha llegado casi a los seis millones
de personas en el Estado español, es decir, un 26% de la población activa,
llegando al 35% entre las personas migradas y al 55% entre la juventud. De
hecho el paro en toda Europa llega a unos 26 millones, de los cuales unos 18
corresponden a la zona euro. Desde 2011 han perdido su empleo cerca de 160.000
personas mensualmente. Estos datos no tienen en cuenta los minijobs (trabajos
de pocas horas y sueldos miserables de 400 euros) que sólo en Alemania se
pueden contabilizar en ocho millones de personas.
Por supuesto la crisis económica y la
implosión de la burbuja inmobiliaria son en gran parte responsables del
incremento del paro. Sin embargo, la recuperación de las tasas de paro
reducidas parece muy difícil a través del incremento del PIB o con un nuevo
tsumani urbanizador, enormemente intensivo en el uso de mano de obra. Incluso
desde una óptica procapitalista.
Los gobiernos, partidos en la oposición o
sindicatos suelen proponer políticas económicas expansivas que estimulen la
creación de puestos de trabajo o el incremento del consumo, y cuando hablan de
la productividad es para conseguir producir más barato y poder exportar. La
lógica de la devaluación interna europea (bajada de salarios, precarización de
las condiciones laborales y privatización de los servicios públicos) va en este
sentido: trabajar y producir más, ganando mucho menos.
No hay que confundir productividad con
producción. La producción es el número de bienes o servicios producidos. La
productividad sería el cociente entre la producción y los recursos que hemos
utilizado. Los procesos de innovación técnica y mejoras de la productividad se
han ido repitiendo durante toda la historia del capitalismo. La productividad
media en la Inglaterra de 1913 era de cuatro dólares la hora, en 1950 de siete
dólares la hora. En 2009 en el Estado español era de 44,35 dólares la hora, en
Alemania de 53,46, en EEUU de 58,58, por poner algunos ejemplos. Es decir, que
hoy una persona produce de media siete veces más que hace 60 años y doce veces
más que hace 100 años.
La riqueza para unos pocos
La productividad se ha incrementado y, en
cambio, la jornada laboral se ha mantenido, y a veces aumentado, en torno a las
40 horas desde hace cerca de 100 años. De la misma manera, los salarios reales
se han mantenido estables, o incluso han bajado en Europa desde principios de
los años 90. Esto ha pasado porque los incrementos de la productividad han ido
a parar mayoritariamente a manos de la burguesía. En EEUU un 1% controla el 40%
de la riqueza, mientras que un 80% sólo el 7%. Porcentajes prácticamente
idénticos que en el Estado español.
Entonces ¿Por qué que las cifras de paro no
dejan de crecer a la vez que se incrementa la destrucción ambiental? ¿Por qué
el hambre estructural afecta a 800 millones de personas en un mundo que lanza
el 40% de los alimentos producidos? Aunque hoy una persona produce siete veces
más que en 1950 y que la población mundial se ha multiplicado por 2,5, las
desigualdades no han desaparecido, e incluso se han incrementado. Lo que podría
haber sido progreso humano, la lógica del sistema, de socialización de las
pérdidas y privatización de los beneficios, lo ha convertido en riqueza para
unos pocos y pobreza para la mayoría.
¿Cuál es la solución entonces? La única
solución a todos estos problemas, tanto el del paro como el resto, sería
repartir la riqueza creada por la gente trabajadora para que los incrementos de
la productividad se repartieran, de tal modo que si una persona produce siete
veces más que hace 50 años, esta persona debería trabajar, como mínimo, la
mitad, es decir, cuatro horas.
Movilización
Desde que en 1817 Rober Owen formulara el
eslógan “8 horas de trabajo, 8 horas de tiempo libre y 8 horas de descanso”, la
movilización por la reducción de la jornada ha formado parte de las
reivindicaciones laborales. El 1º de Mayo se conmemora la revuelta de 1886 en
Haymarket, Chicago, que comenzó por la jornada laboral de ocho horas. Otro ejemplo
fue el de la Canadenca en Barcelona, donde entre febrero y marzo de 1919 se
consiguieron las ocho horas de jornada laboral. Ambas revueltas comportaron
enormes movilizaciones de la clase trabajadora y mucha represión.
Hoy, después de que cada reforma laboral y
cada avance técnico se utilice para despedir gente e incrementar la explotación
de las personas que continúan en los puesto de trabajo, hay que recuperar la
idea de reducción de jornada laboral. Justo al contrario de lo que dicen las
patronales. Si somos capaces como sociedad de producir todo lo que necesitamos
en menos tiempo y con menos esfuerzo, es necesario que esta capacidad se
aproveche en beneficio de toda la sociedad. No podemos permitir, por ejemplo,
que después de dar 100.000 millones de euros a la banca, ésta despida al 20% de
las personas que trabajan en el sector.
En el Estado español la media de producción
por persona es de 64.000 euros al año. En cambio, el salario medio bruto es de
unos 22.500 euros al año. Una reducción de la jornada laboral a 30 horas, sin
reducción de salario, haría que la producción por persona empleada fuera de
48.000 euros, es decir, a cada empresario le quedarían todavía 23.000 euros al
año por persona. En cambio, se generarían unos cuatro millones de puestos de
trabajo, lo que, al menos en primera instancia, permitiría volver a un paro del
5%. Ésta es una medida sencilla, que sin invertir ni un euro, ayudaría a
millones de personas a salir del pozo del paro. Eso sí, redistribuyendo la
riqueza generada por el trabajo.
Badalona, combatiendo el paro con
movilización
Desde su formación hace más de un año, la
Assemblea d’Aturats i Aturades de Badalona ha llevado a cabo múltiples acciones
y una actividad de formación, así como también se ha ganado el apoyo y simpatía
de diferentes colectivos de la ciudad. Las acciones más destacables hasta el
día de hoy, al margen de la participación en la huelga general del 14N, son dos
manifestaciones.
La primera recorrió el centro de la ciudad y
acabó con la ocupación simbólica de la oficina local del SOC —Servicio de
Ocupación de Catalunya—. La segunda reunió a más de 600 personas en una
manifestación contra el paro y la precariedad que recorrió las calles del
centro de la ciudad y llegó hasta el ayuntamiento donde se celebraba el pleno
municipal del pasado 29 de enero. Hay que remarcar una charla que se organizó
sobre el paro en un contexto de crisis y donde se contó con un activista griego
y un sindicalista catalán.
La Asamblea, por su composición, ha permitido
y permitirá la consecución de los objetivos que se plantee, debido a su
horizontalidad, en la repartición de tareas y a su línea de trabajo, que
consigue plantear acciones de protesta, a la vez que no descarta el trabajo
institucional y la búsqueda de puestos de trabajo. En este mismo sentido, el
grupo se ha visto empujado a adoptar del movimiento 15M métodos de organización
asamblearia para mejorar el funcionamiento de sus reuniones.
Por otro lado, la diferente procedencia
política de sus miembros o la falta de experiencia de algunos facilita el
intercambio de opiniones y asegura el debate democrático dentro del grupo.
Estos elementos son, en parte, los que consiguen hacer concebir al grupo la
acción política como un elemento práctico, que requiere de un esfuerzo
colectivo y continuado. De esta manera, la Asamblea no ha rechazado nunca la
utilización de todos los medios que ha tenido a su alcance para cumplir con el
propósito de difusión del grupo y de sus actividades.
Finalmente, la potencialidad, el rigor de su
trabajo y la situación material y anímica de sus integrantes permite intuir en
el futuro la radicalización de sus planteamientos y acciones en la calle más
contundentes.




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