miércoles, 30 de enero de 2013

¿Nos sorprende aún la corrupción?

23 enero, 2013 – 12:59

Es triste darse cuenta, pero los españoles estamos ya acostumbrados a que aparezcan, sin descanso entre uno y otro, casos de tocomocho político por toda el área de la peseta. De esos que a los telediarios de vez en cuando les da por anunciar con redobles, aunque nunca sabemos quién es exactamente el que los destapa. De los que nos hinchan la vena durante unos días, hasta que la sangre vuelve a su circulación y la rabia a su cauce para que, de nuevo, vuelva a aparecer otro caso de trajes regalados o sobres con dinero negro y nos hinche la vena otro poco más.
Animales de costumbres, que nos dicen. Los redactores de telediario intentan relatarnos cada nuevo “caso” (palabra que ya va unida a la podredumbre) con un timbrecito en la voz del que pretendidamente está generando sorpresa, pero, ¿cómo van a sorprendernos… ya? Incluso aquellas personas de corta vida, como yo, han presenciado la creación de Filesa, el “estoy en la política para forrarme”, el maquillaje de facturas, la construcción del Palma Arena, los periodistas untados con impuestos, los sobrecostes de Terra Mítica, los miles de folios del caso Fabra, Marbella, CiU, el empresario que pedía a los trabajadores sacrificios mientras defraudaba, los áticos de lujo, las cuentas en el país relojero, las prejubilaciones falaces, los sobres con dinero negro y las bolsas llenas de billetes… Hemos oído demasiadas veces acerca de sobornos, malversación de fondos, especulación, blanqueo, fraudes fiscales, falsedad documental, tráfico de influencias, revalorización de terrenos, prevaricación… etc., etc. Todo ello con finales tan variados como la amnistía, los indultos, las condenas reducidas o las carreras políticas que acaban impolutas y sin salpicaduras. Hace falta ser muy creyente para creer apenas un poco.
Así, con la sobredosis continuada, convertimos en sonido de cañerías la información inadmisible, en saturación la indignación de conocer, mediante puntas de icebergs, que hay personas que roban el dinero de todos, incluso de los más necesitados, aún no necesitándolo en absoluto.
Mientras, los portavoces de nuestra monarquía bananera se dedican a intentar convencernos de su honestidad. Sus promesas de búsqueda y ajusticiamiento de culpables me hacen sentir muy confiada, sí: tanto como un aro de buitres sobre mi cabeza. En todo caso, a veces me pregunto por qué esos oradores derrochan una saliva que no creo que se traduzca en generar confianza en un solo elector y que podría ser invertida, de forma mucho más práctica, en el cierre de nuevos sobres.
¿Se puede hacer algo? El pasado 18 de enero hubo una concentración masiva en Génova contra la corruptela del PP en general, a raíz del caso Bárcenas. La pregunta de siempre es para qué sirve la protesta. ¿Sirve para algo? ¿Protestar contra las acciones evita las acciones? Está claro que cuando la Cospedal, por ejemplo, quitó las ambulancias nocturnas de varios pueblos de Castilla la Mancha ya sabía, de sobra, que la gente iba a quejarse; lo único que ha tenido que hacer es tomar aliento y aguantar el chaparrón hasta que los ancianos dejen de querer luchar por sus derechos y, resignados, opten por pedir a Santa Rita un infarto mañanero en vez de uno nocturno. ¿Y en el caso de la corrupción, es decir, de la parte del desatino que sí intenta esconderse? ¿Hay algún castigo? Cada vez que he hablado de la “reputación dañada”, la gente se ha reído. Telefónica les ha dado la razón premiando a Rato con un puesto sospecho que bien remunerado. ¿Les da absolutamente igual a todos estos corruptos el odio ciudadano, la popularidad desastrosa, la protesta continua?
Eso quién lo sabe. Rajoy acaba de proponer un pacto de todos los partidos contra la corrupción… pero no nos engañemos. La corrupción va a existir siempre mientras exista este sistema en el que el ciudadano no pinta nada, mientras las caras no se caigan de vergüenza por sí solas y mientras la protesta no sirva de nada y no se tome otra solución mejor. Dicha solución (que desconozco, pero que viene estando ubicada en el espacio que va desde la queja hasta la guillotina) no es una promesa de buenas intenciones: no está en sus manos, sino en las nuestras. Y el primer paso hacia la acción es intentar, por todos los medios, que la corrupción no deje nunca de enfurecernos.

Artículo de Diana Moreno

1 comentario:

  1. Diana Moreno, la autora de este artículo no sabe, desconoce la solución a tan gran estafa. No es que sea sencillo el asunto, en cuanto a dar soluciones, pero si miramos para atrás y vemos los múltiples comportamientos de la población expoliada, como de los expoliadores, veremos que son pocos los caminos a tomar. El camino deL pacifismo absoluto, como el que se está teniendo no creo que sea el más adecuado, como vemos y explica muy bien Diana: ante las
    protestas pacíficas, los malhechores, aguantan el chaparrón. Estoy convencido de que hay que cambiar el método, hay que hacerles saltar de sus poltronas ¿como? Tendremos que sentarnos tranquilamente y hablar. No crean que porque paremos un poco nuestras protestas se va a perder nada, al contrario si nos ponemos a pensar todos/as seguro que encontraremos una buena solución, que una vez encontrada y puesta en la escena seguro que no dejará indiferentes a los saqueadores.
    Posdata: ¡SI NADIE TRABAJA POR TI QUE NADIE DECIDA POR TI!

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