La inestabilidad
mundial no es sino el reflejo, a gran escala, del individuo. Todos nuestros
sistemas educativos basados en la competición y la rivalidad son los
principales responsables de ello. De ser criados en un clima en el que estamos
continuamente agredidos o impulsados a medirnos con nuestros semejantes, no
hemos de extrañarnos si de ello resulta animosidad, fastidio y resentimiento.
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| Mucha pilicia |
En nuestros días se quiere hacer todo a lo
grande, escuelas, educación, agricultura, viviendas, etc., y uniformizarlo todo
pensando que será más fácil. Regentar, gobernar, y quizás dominar y explotar.
Así
va el mundo, y nos preguntaremos si cualquier forma de coacción, reclutamiento
y normalización, no es una catástrofe para la mente humana, luego para el
ciudadano y, finalmente, para la humanidad entera.
Si no comprendemos que todas las riquezas
descansan en el interior mismo de cada ser viviente, por fuerza estamos
tentados a utilizar todo cuanto esté a nuestro alcance para satisfacer nuestra ambición,
si es que la tenemos. De este modo, el idealismo, la creencia, etc., llegan a
ser un salvoconducto para explotar a los animales, la naturaleza y sus
semejantes.
Querer una educación de masas significa
también querer dominar, pues un espíritu original no se deja manipular como un
pelele, sino que hace preguntas y quiere saber a dónde se le va a conducir. La
educación de masas, la propaganda a raudales y leyes cada vez más complejas,
todo se cerne sibre el ciudadano como la maya de una red, y entre tanto, uno pasa
al lado de lo esencial. Darse cuenta de todos los disfraces de la violencia, es
a la vez liberarse de ella y engendrar relaciones nuevas que contienen es si
mimas el germen de una sociedad diferente.
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| Pensador y revolucionario @narkista |
Dejar toda lucha en el mundo condicionado
por la competición. Es en si revolucionario. La violencia que es una forma de
agresividad, de no encontrar terreno de resistencia, se para por si misma.
Inventar un ideal de no violencia no resuelve nada, pues el intelecto no puede
disgregar un estado de agitación, y tota lucha contra la violencia es limitada.
La inestabilidad mundial es debida a una
falta de equilibrio, una quiebra de la educación tradicional, I ninguna
represión suplementaria podrá apagar el incendio de la violencia, cuyo
combustible es la incomprensión, la mala voluntad y la inercia. Para poner fin a toda lucha ciega, a
toda tiranía ideológica, es preciso eliminar las fuentes de los conflictos, en
lugar de inventar nuevas.


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